Cultura9 de mayo de 20266 min de lectura
Qué implica de verdad una auténtica ceremonia etíope del café
Bien hecha, dura casi una hora y tiene poco que ver con el café en sí: una breve guía de la etiqueta que conviene conocer.

En el vestíbulo de un hotel, la ceremonia suele comprimirse a quince minutos y llega con una factura adjunta. En casa de alguien, lleva buena parte de una hora, y el café es más un pretexto que el fin.
Los granos verdes se tuestan sobre brasas a la vista de los invitados, y la sartén suele pasearse por la sala para que todos puedan recoger el humo con las manos en forma de copa: una invitación auténtica, no un adorno teatral. Después vienen la molienda, la jebena de barro y la primera de las tres tazas.
Esas tres rondas tienen nombre: abol, tona y baraka, esta última significa bendición. Marcharse antes de la tercera ronda se considera una leve descortesía; quedarse a ella es, en un sentido real, todo el propósito del ritual.
Una lista breve de lo que suele ir bien: aceptar las palomitas que se ofrecen, beber despacio, elogiar el tueste en lugar del entorno y dejar que la conversación fluya a su ritmo. Lo que no: echar mano de la cámara sin preguntar, sobre todo en la primera ronda.
Escrito por Marta Alemu, responsable de cultura y comunidad. Cualquier pregunta sobre lo anterior es siempre bienvenida: escríbenos.
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